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De Quimeras y Ensoñaciones

El indulto

La Autoridad decidió un buen día de Dios que la publicidad en los márgenes de los caminos transitados por vehículos de motor, fuera de las ciudades, habría que declararla ilegal y empezó la limpieza, carteles publicitarios de todo tipo reinaban a su libre albedrío, generalmente de chapa o aluminio, claveteados sobre vigas en H cementadas en el suelo, no faltaban los de madera, los había de color negro, rojo, amarillo, blanco, multicolores, con dibujos, sin dibujos, con letras, de hoteles, de jamones, de piscinas, de hipermercados, de papel, de mil formas.
Los obreros del Ministerio de Obras Públicas, pertrechados con sopletes empezaron su labor de limpieza. Se supone y presupone, aunque quizás es mucho suponer y presuponer tanto, que hubo una cartita de preaviso previo a los dueños de los postes anunciadores para que estos mismos los quitaran o de caso contrario el personal laboral del MOPU, ¿ó era quizá Ministerio de Obras Públicas y Medio Ambiente? ¿ó era Ministerio de Fomento? Apostemos por que entonces era el MOPU, el de siempre, con sus camineros en sus camiones amarillos, con sus bombonas de corte y su soplete de fuego, aplicándolo a la base del cartelón, trabajadores, currantes, es decir, unos mandados y, en esto que llega al parecer el dueño de la finca o del cartel y les amenaza con improperios y gritos destemplados.

- ¿Pero que cojones estáis haciendo? , ¿Sois Gilipollas?, ¡ Dejad eso inmediatamente, cabrones ¡

Y no sirven razones, ni explicaciones del tipo : “Nosotros estamos haciendo nuestro trabajo, lo que nos han mandado hacer”, “Vaya a hablar con el capataz”, “Tranquilícese” , “Es que no sabe que no se puede tener publicidad en los márgenes de las carreteras, es la nueva normativa” , “Está bien, nosotros nos vamos, pero va a tener que hablar usted con el jefe” .

Y la ley es la ley y se ha de cumplir. Pero no para todos, siempre nos queda el indulto. A saber.

Se yergue altivo y orgulloso sobre la colina, fuerte y señorial en la lejanía, negro como la variedad brillante del lignito, el azabache, pero a diferencia de este, sin brillo, mate, imperturbable al paso del tiempo, a la lluvia, al ventisquero, a la quemazón sempiterna del astro rey, al rayo que un día le hirió muy de cerca, tanto, tanto, que sus orejas echaron humo y chispas, pero al ser de latón únicamente sintió un escalofrío recorriendo todo su armazón. Pero su peor enemigo es el hombre, ese ser protagonista de todos los hechos de la historia y que le adorna de tarde en tarde, vistiéndole de trajes reivindicativos de letras, para protestar, de pancartas, de sábanas embadurnadas de pintura, por que él está en todo lo alto, en la cúspide de la cima, al pie de la carretera, un monumento visible a varios kilómetros, y por tanto, un punto estratégico para colocar las protestas de grafiteros, huelguistas, inconformistas, publicistas, y mil –istas mas

La Autoridad se reunió en concejo abierto y decidió que el animal de España, debería ser indultado.
Y el Toro de Osborne no fue talado . Fue Indultado .
Pero ya nadie le lee, la marca de coñac dejó de publicitarse en su chapa, esa fue la condición “sine qua non”, indispensable, ineludible, para mantenerlo de pie.

Y ahora no más, tan sólo es el Toro de las carreteras de España.
Y es el toro de mi infancia, ese que se dejaba ver a través de la ventanilla del ferrocarril apareciendo imponente en lo alto, rompiendo la monotonía del paisaje e insuflando mis ojos de sensaciones curiosamente hermosas y de turbación y sobrecogimiento ante ese poderío, ante ese bicho, que se asomaba por las ventanas de mi imaginación que volaban hacía un prodigio excesivamente grande para un espíritu, el mío, todavía tan inocentemente soñador y viajero.

1 comentario

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Hay un indultado más, en la carretera de Andalucía hay una señorial botella de Tio Pepe con su traje corto que saluda desde el arcén. Besitos